Ahora que todas las ventas doradas cierran los ojos, inauguro este rincon de polillas amaestradas, de hormigas distraidas y de cienpies intelectuales. Una valija de libros que casi no llega y yo a punto de perder mis ultimas palabras en castellano: una estructura de brazos y de dedos inutiles que lo unico que hacen es señalarme el ombligo y un obelisco que aun siento clavado en algun lugar del pecho. Cae el sol en Paris y el obelisco se esconde, y lo que yo creo que es una de mis polillas amaestradas no es mas que el ultimo pedazo de una carta. La carta esta vacia, claro: ni polillas ni gusanos de seda para hilvanarme los oidos. Me siento a la ventana para ver como el sol me deja su frazada llena de agujeros. Mientras me pregunto si tienen algo que ver las polillas (con los agujeros) recuerdo que de chico me encantaba quedarme con esos agujeros entre las manos. Poco a poco es lo unico que queda.
Et s'il pleuvait un peu ça pourrait y aller quand même...mientras la gente camina afuera como los perros sin dueño que uno no sabe donde van pero que caminan casi con una certeza asombrosamente definida.
Ya esta, la ultima ventana dorada tambien me dio la espalda. Me quedaré con los agujeros hasta que salga el sol.
Me siento, lloro una hormiga.
